lunes, 11 de febrero de 2013

Epílogo


Era sábado, y Alberto se encontraba sentado en su cama con una lata de cola y el ordenador al lado, se acababa de quitar los cascos porque sus padres iban a empezar a hablar de lo inmaduro que era, cosa que a él le resbalaba lo que pudieran decir. Una vez que se acabó la conversación, se preparó su canuto de hierba recién traída por su amigo camello, el Joni, y se tumbó en la cama a contar las estrellas que tenía pegadas en el techo de cuando era un niño.
Pasada media hora, sonó su móvil de nueva generación que fue gratis gracias a un señor que se estaba atando los cordones de los zapatos, al descolgar, oyó la voz de su amigo Jonathan, que quería juntar al grupo para realizar una de sus muchas gamberradas. Alber no tardó en aceptar la propuesta y se puso su pantalón vaquero, la chupa de cuero negro que no se la quitaba desde que se la regalaron por su último cumpleaños y sus playeras negras con un verde chillón para que desde el espacio se supiera bien cual era su localización. Una vez realizados todos los preparativos se dispuso a salir de casa. Su padre al verlo salir, le recordó amablemente que estaba cometiendo un gran error en salir con esas personas a las cuales consideraba amigos ya que solo le estaban y le iban a causar problemas.
  • Hijo, ¿pero no te das cuenta de que esos amigos tuyos no te convienen?- Dijo el padre.
  • Que sí, papá. Que me parece muy bien que todos los días me digas los mismos sermones- contestó el hijo y se marchó dando con la puerta en las narices del padre, el cual empezó a descontrolarse y a soltar barbaridades hacia su hijo, mientras la madre, daba vueltas por la casa apesadumbrada.

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